Cada instante contigo es un portazo sonriente

concesión del deshielo en una noche que no cesa

y deseo manchar tu carne intacta

de mi oscuro silencio, de mi aterida nada.

Hay un ilimitado paraíso en el cuadro de mi ventana

y desde la sombra su voz no me alcanza.

Una emboscada fue tu cama aquel semestre

en que discutimos de poesía maldita entre cuchillas

peluches y espejos con nata.

Peleamos de amor sin equipaje

y amanece por siempre en mi pecho

el dulce peso de una huella en la nieve.