Cantan pluvialmente las nubes carcomidas que se enternecen.

Desaparecen para ir, desaparecen para volver.

Hay un ilimitado paraíso

en el cuadro de mi ventana.

(Bis)

Lo inimaginable del universo también desea columpiarse en las nubes.

Ellas son baños de espuma o de rabias

que se toman los hechiceros benevolentes e inubicables.

Siempre que se presiente una nube cirro

en los ojos intensos de una madre

que busca incesantemente a su hijo desaparecido,

el viento cortante de la esperanza la invisibiliza.

Todo se consume, menos la huida hacia el paisaje que levita,

¡Mercaderes del espanto!