Como una música acordada,

en esta noche sosegada y secreta

se repite el eco azulado 

del mosaico en el horizonte. 

Hay un ilimitado paraíso 

en el cuadro de mi ventana. 

Lo pueblan ignotas criaturas. 

Los hijos de la tierra virginal, 

los marineros de velas y estrellas,

los poetas de voces primigenias

inauguran sus verbos en el tiempo:

la luz de auroras y atardeceres,

la libertad desnuda, invulnerable, 

los altos pronombres donde vivimos.