Mi chico lee novelas tumbado en la hamaca.

Sin querer hacerlo

mueve los dedos de los pies

dentro de unos calcetines gordos, espesos.

Es como mirar peces de lana

nadando en su acuario

de esa forma en que lo hacen, pensando en nada

a cámara lenta, como embriagados

o enamorados

asintiendo a la luz, al silencio.

Hay un ilimitado paraíso

en el cuadro de mi ventana.

El balbuceo de los pies de mi chico es la nata de…

(Me interrumpiste a besos.)