Dentro de mí la soberbia de estar viva,

creer que todo se trata del ahora,

que alguien quizás desearía suplicarme

o me piensa duro y con nostalgia.

Dentro de mí el desbarajuste de las horas,

el murmullo descarado de mis venas,

mi alegría infantil frente al espejo,

sin querer saber nada de mi otra ausencia,

de la que existirá por todo el tiempo que yo muera,

sin aceptar que hay un paisaje ambivalente,

que no obstante esta libélula revoloteando hoy en mi pelo,

hay un ilimitado paraíso en el cuadro de mi ventana.