así que la niña de pelos negros 

toma mi mano en el lecho 

ella nos arroja hacia afuera 

hay un ilimitado paraíso 

en el cuadro de mi ventana 

donde, flotando en el cielo que no es 

miro las casas pequeñas 

con sus cristales circulares 

los hombres que no están 

pajáros mudos en el aire reluciente 

la hoja de arce rojo que brilla y baila 

en el viento que no hay 

como a despedirse 

y es bueno, definitivamente bueno