Hay un ilimitado paraíso,

en el cuadro de mi ventana,

un mar de luchas cercanas,

ante la mirada de un sol impreciso.

No estoy pidiendo permiso

a tu conciencia cristiana,

cual costumbre aldeana 

que nos rompe sin aviso.

Yo quiero caer primero

ante los ojos del lago,

porque sabes que venero

las lienzos de tu descanso,

mientras sabes que me muero

cuando no estás a mi lado.