Vuelvo del mundo y sé que me equivoco

al cerrar los postigos, las persianas,

echar llave al candado

y acomodarme en la penumbra,

discretamente en sombras y a la espera.

Fuera todo me invita,

todo lo que florece, respira, vuela,

las voces anónimas, la luz en las esquinas,

cada gota de agua.

Hay un ilimitado paraíso

en el cuadro de mi ventana,

reclamando su bien ganado mérito.

Mas yo renuncio al edén

y al infinito.