Y si nos atamos a la dicha

las nubes irán a nuestras espaldas.

Hay un ilimitado paraíso

en el cuadro de mi ventana.

Hay un pecho desgarrado

y unos cabellos en calma.

Y si veo mi llanto en lencería

la bella perseguirá a la espada.

Y si me hundo en sangre tibia

reirá la celeste luz apagada.

Hay musical combustión

entre las penumbras de mi cama.