Mi ventana da al sur, como ya sabes.

Las mañanas encienden el paisaje

que transita pausado

por las jóvenes hojas de los chopos.

 

Y, en el paisaje, mi memoria crea

la estampa de tu sereno rostro,

que verdea

con infinitos tonos de manzana.

 

Hay un ilimitado paraíso

en el cuadro de mi ventana,

por el que yo viajo sin permiso

en el tranquilo tren de la mañana.