Huyo con la mirada hacia el puerto del pueblo,

desde mi barraca: la neblina, el mar, el alba… .

Aparto mis doce libros, desempolvo la estantería,

enciendo la dulce energía de mi lámpara de aceite,

se vierten mis pensamientos, que inundan mis entrañas.

El éxito, el fracaso, la suficiencia… .

Es entonces cuando anhelo más que una vida humana.

!Quiero forjar mi alma, descubrir el más allá!,

alejado de mi penosa enfermedad,

medito en la fosa de las Marianas.

 

Pierdo el Norte. Prefiero la mortandad del falible,

testigo de una vieja cita, que se realiza ante mi faz:

Hay un ilimitado paraíso en el cuadro de mi ventana”.