En el cuadro de mi ventana

ya se ha puesto el sol.

Ambos, tú y yo,

en el lecho impoluto

llegamos a alcanzar la unidad.

Ya no puedo marchar.

Hay un ilimitado paraíso

dentro de estas cuatro paredes.

Tus montes, tus prados y tu mar

qu desbordado me ahoga.

Sucumbo,

ya no hay regreso.

Perdido,

no deseo encontrarme nunca más.