A leguas de ti el mundo emite larvas
que cruzan dinteles, portales, intersticios;
donde asomarse es perder las nociones,
la historia, el tedio que ata
la memoria más tórrida y otorga
ese diploma egregio que salva la fantasía
de la funesta rutina.

A leguas de ti el tiempo me absorbe;
soy –ínclito– un salto en la piel caducando proscrito
un quiño de aurora boquiabierta, luenga.

Sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo.

Vértigos ateridos me abrazan
con toda tu ausencia cuando te extraño.