Que hay detrás de ti, si ya no eres;
si apenas recuerdas el nombre de tu hijo.
Si el reflejo del sol en la ventana
no es un nuevo día, si no el mismo.

Tus ojos, que miran sin ver nada,
no saben remontar de nuevo el rio,
y las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido,

Yo me siento a tu lado y en silencio
contemplo tu soledad ¡Oh padre mío!
Y al ver la manta sobre tus rodillas,
aunque es agosto, te miro y tengo frio.