Pues me enamoran las mujeres tanto,
me ha bastado el querer de una mujer.
Una vez me hechizaste con tu encanto
me diste siempre plenitud de ser.

Nunca me faltarán risas ni canto,
ni echaré nunca en falta otro querer.
Nunca he vertido lágrimas ni llanto
ni nunca he visto mi amor desfallecer.

Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo:
así mi corazón lo piensa y siente.

Escucha, mi amor, yo, tu amor, proclamo:
podrá la muerte atarnos con cadenas
mas seguirán ardiendo nuestras venas.