Desde lo más profundo de mi alma

brotan lágrimas cristalinas con sabor amargo.

El amargo sabor de las despedidas,

el amargo sabor del abandono,

del ya no te quiero.

Eco de palabras punzantes,

y un dolor desesperado que quiere salir.

¡Qué fácil has venido a mi voz,

y en qué instante!

Pedazos de mí por todas partes.

Hueco vacío que queda en mi pecho.

Me mataste por dentro.

Yo grito, pero sin palabras.