Trenzas recuerdos como sogas de hierro
con finas hebras de rota amargura;
Destrozas tu alma con pura ternura
y custodias sus besos cual fiel testaferro.

Sufres condena por el hijo ausente;
tras años de sombras, de noches sin luna,
de lechos malditos sin niño ni cuna,
consigues zafarte amando a tu gente.

Triste existencia de aquel que ha perdido.
Te hallas maltrecho si sigues amando,
pero si olvidas a tu ser querido,
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido,
y no las recuperarás nadando.