Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.
Dudas ya de tu nombre y apellido.
La mente enajenada preguntado

no sabe responder en dónde y cuándo
estrenaste aquél tan blanco vestido,
ni tampoco quién fuera tu marido.
La huella del ayer se va nublando.

Lentamente se marcha la memoria
a un mundo frío, distante e incierto,
que acaso la despierte al evocar

una tenue semblanza de tu historia;
y amarres tu pasado a este puerto
donde pueda tu vida al fin anclar.