“Sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo.
Conmigo mismo siempre me hayo,
Ese diálogo que no cesa, que me apresa, en busca de la mejor opción…
Cual es el mejor criterio, ¿cómo actuaría yo?
Esa lucha incesante, en la que ni otro tiempo, ni otro espacio ni sentimiento caven.
Donde ‘el otro’, puede suponer una debacle. Si no lo concibo, no tiene trance. No vale”.

Y de amor se llena dulcemente, y amor quiere dar y repartir. Amor quiere recibir.
Amor en voz, a borbotones, a demanda, a su medida, a su criterio…
Amor se recibe de quien vive, de quien habla, de quien sueña, de quien reta,…
No la toca, no la siente; no la oye, no la ve, no le habla…
Amor no se recoge cuando se sembró autoridad,…
Pero ella aún le admira y AMOR incondicional le da.