Me grito cada noche y te reclamo…
al calor de tu pecho, tan caliente
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.
Tu nombre me hace un hombre diferente,
la luz de cuanto siento y cuanto amo
se duerme entre tus ojos, mientras bramo
a dentelladas fieras y valientes.
Al sol de la mañana pido y llamo
a la lluvia que riegue la simiente
y el verso en la garganta que declamo.
La tarde que preludia el día siguiente,
desnuda el corazón cuando proclamo
mi sangre hacia tu sangre… penitente.