En la garganta se morían tus palabras,
De la miel de tus labios los te amo y los no te quiero,
Era verme en la penumbra avivando las brasas,
Morirnos de frío al negarnos abrazos y besos,
Te buscaba entre las multitudes y mi soledad,
En el ayer que escondías en el mullido regazo de muselina,
Me encontrabas en cada rostro y en tu castidad,
Nos jugábamos la vida en cada encuentro, en cada esquina,
Sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo,
Sé que de amor te llenas mientras te entregas suavemente,
Y en voz silente y muda nos amamos.