Anoche te encontré en mis sueños
radiante, como cuando te encontré
por primera vez, veinte años atrás.

Mi cuerpo, convulso, se revolvió
entre mil y una sensaciones que llenaban
mis huesos y mi carne y mi piel aún dormida.

Sé que mi piel te duele,
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.

Y sólo quedó una estela pulida
de recuerdos de lo que fue y ya
nunca más será, ni podrá volver a ser.