Han pasado años.
Aquel verano llegó sin previo aviso.
Lo reconocí, niña, en tus ojos.
Tus ojos tan abiertos al aire
que no había forma de no verlos.
Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.
Tendrás que nadar a contracorriente
para recuperar momentos felices.
O quizá, tan solo, apretar los ojos
igual que si sintieras un dolor tierno
porque los sueños muertos no se quejan.