Verme a mí mismo con mi soledad,
mendigando una brizna de esperanza,
cruel silencio de colores turbios
que camuflan mi alma y mi nostalgia.
Recompongo tu silueta refulgente,
imagino mil veces más tu cara,
rememorando el ansia de un abrazo
oculto entre recuerdos y palabras
de remota quietud, de tibia calma.
Siento quebrarse mi alma en mil pedazos.
Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo
soñando en la distancia que me llamas,
que, aunque no estés aquí, sí está tu alma.