Con el albor de sus caricias secas
al cadalso de los justos partiré.
Sus miradas robadas me acompañan,
contusionan y equivocan su querer.
Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo,
Mas mi latir, desaliñado y ausente
nunca soñó sus finos labios mecer.
Celeste entre los dioses, yo te imploro
que adormezcas en mi nicho este pesar,
y al tañido sincopado en mi marchar
recites mi trágica balada en coro.