Masas espolvoreadas de esperanza
por el verso a mansalva de un caudillo,
augurios y promesas son la usanza
que mantiene a su pueblo siempre al vilo.

La multitud, con cándida confianza
canta loas que los atan a un destino
ruin, pero escamoteado en remembranzas
de otros suelos, otros, pero vecinos.

Cortijo nefando, y sin embargo,
las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido,
para el pueblo, que le reza al mesías,
por unas cuantas migas de ambrosía
que marcarán su lúgubre camino.