Muy bien guardo, en un rincón de la memoria
la magia de tu mirada, lamentando,
que la aurora nos fuera iluminando
y la luna infinita y tan breve, fuera historia.

En esa cama quedó mi amor, como dormido
y partí, con la guitarra al hombro, tarareando:
“las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido”.

Pero las noches no tuvieron tu sonrisa
y mi cantar, es hoy apenas, una brisa,
que no mueve ni un barco de papel.

No supe ver que, en tu amor, yo era vida,
y estos años, fueron vana historia perdida,
cual velero sin mástil , rumbo…, ni timonel.