Cada instante es un sepulcro de fuego
en el vientre donde arde la vida:
laberinto de una oscura salida
donde nos pierde la trama del juego.

Es imposible escapar, desde luego.
Aún sabiendo que está en pie la partida
invocas la ceniza consumida
para arrancar del pasado consuelo.

Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido
a bordo de una hoguera que no aguarda.

Se fue la flor de la aurora ocultando
el oráculo del tiempo cumplido,
bruñido en una quimera bastarda.