La cruz no era cruz 

la cruz era una lanza,

amparada en mis manos,

herida viva,

bailando en su propio escenario

como furia azulada

como el más insolente de los dulces

ardiendo de gracia

con paciencia de arbusto

la cruz que era lanza,

se estrelló en un canto:

¡Qué fácil has venido a mi voz,

y en qué instante!