Sé que puedo vivir eternamente
acurrucado a tu corazón que amo.
Sé que tu mirada me da alimento
y en dicha, complacido, me deshago.

Soy de nuevo un niño que tiernamente
en la flor de tus ojos desparramo
los mares, la tierra y el firmamento,
y en tus brazos me torno en manso lago.

Sonrío, siempre sonrío. Te miro
y sonrío. Discurro felizmente,
y en voz a borbotones me derramo.

Por las mañanas cuando te respiro
sé que de amor me lleno dulcemente
y ese amor al universo proclamo.