Junto al rompeolas previene el cartel:
«Peligro de roción». Terca como tus fracasos,
la memoria escupe su veneno. Ovillados
en el asiento trasero, el limpiaparabrisas
marca el compás del corazón. Vuelves a tener
veinte años y moratones en el cuello.
La nombras y no encuentras en el abrazo
mientras una lluvia antigua borra
en el retrovisor sus rasgos,su mirada.
En el muelle desierto, sin dónde encontrar
los suyos, las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido. Vacías tus ojos
en el vuelo recogido de una gaviota.