Tu pie, el acantilado, el viento, el mar,
una noche sin lunas ni lucero,
suspiras … y este mar es tesorero
de ti y de tus suspiros a la par.

¿Quisiste, (¡emerge y dime!), tropezar?
¿Temblabas en el gris despeñadero?
¿Ha sido el ancho mar aliviadero
de llantos que no habían de cesar?

Súbito, tu alga pelo. Vas corriente
arriba. Oleaje voz. Es tu reclamo,
que con mi voz se besa en la rompiente.

Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo
si en pos de ti me arrojo. ¿Muero? Te amo.