La noche impiadosa se pliega,
mi reloj marcó la ausencia,
y una hoja del cuaderno
se aburrió del blanco.

Sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo
cada vez que su fantasma
me viene a buscar.

Amanecen así versos en la almohada
que nunca le voy a mostrar.