Como rocío libre en el ambiente
sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo
cuando mis silencios dicen te amo.

Querer, por platonismo penitente,
bebe del brebaje de quien se miente
una y otra vez, en tanto es reclamo
a lacrimosa pena, que declamo:

presentase infortunio del destino,
ella emparejada, y yo esperándola.
Una pareja y su fantasma. Trino.

Mas, no me obceca su marcha, si aupándola
en sonrisas consigue otro sujeto.
Bástenme convexos labios… y este soneto.