En el sigilo de una memoria desvanecida,
camino bajo la incesante lluvia de un ayer cautivo,
Quiero contarte de aquellos días eternos,
Hablarte de tus manos, del viento, del anhelo y el silencio,
De lo que ahora desconoces pero que nunca dejó de ser nuestro,
Quiero contarte de lo que aún reposa bajo tímidos desvelos,
Entre rayos de luz y sombras de un viejo olivo,
Porque las cosas que ahora sigues recordando,
Vienen sin premura en una mañana y en la noche,
Flotan sobre las aguas del olvido.