Ni lo sugieras, que soy como el fuego.
Ni lo pienses, ya lo hice yo y no es bueno.
Quédate con él, amar no es un juego.
Aléjate de lo que es tan ajeno.

Ya no mandes mensajes, te lo ruego,
que soy tempestad, huracán y trueno,
que soy marea, torbellino ciego.
Ya no más del endulzado veneno.

Sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo;
sin embargo, lo nuestro es diluyente.

Sé que mi poesía fue latente,
y en versos sobre tu piel yo declamo;
sin embargo, morir es sugerente.