Cuando albergo su callosa mano
entre mis dedos de torpe adolescente,
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.

Desgrano en sus oídos mil caricias,
mientras huyen los sueños de su frente.
Si un chispazo le ilumina de repente
toda una vida titila en su sonrisa.

Se atropellan desvaídas sus vivencias,
que en diáspora se esfuman por sus poros.
Si me contemplan sus ojos extraviados,
por años de experiencia arracimados,
me derramo en perlas de inocencia.