Dulce blanco yo me llamo con la frente sobre mi mano
dulce vida en desamparo, con la mía y un leopardo.
Dulce eres e incoherente, y que digan lo que digan y que cuenten lo cuenten,
milagrosa esa cortina, tan veloz, tan sedosa, tan felina y tan perenne.

Con mi amor de tu morfina y de dolores maravilla, tu sabor a verde lima,
es tu boca de dulzura, de belleza sibilina y silencio arrasador.
Eres mía, mi María, eres sangre y mis manías
eres fiel de maravilla y eres piel de mandarina.

Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo
Sé que soy un hombre ausente, y no deseo un mal “te amo”.

Vuelve a mí, María de mi vida, no te lleves sólo mis manos
mi susurro azul y verde, y tu vestido rosa, limpio y largo
parte en dos mis arduos deseos, parte en tres, la cueva de tus abrazos.