Mis ojos se hicieron ciegos
a tus miradas profundas pero cobardes.
Ahora florezco como las rosas de mi jardín en primavera.
Ajena a tu atención asomo levemente,
integra, a mostrar mi eternidad.
Sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo,
sin más nombre que el mío.