Es el amor, después de todo, lo que nos mueve.
Si callo es porque amo el silencio,
si hablo es porque amo las palabras.

Esa ánima del alma nos conmueve,
porque aún el aborrecedor, a su odio, ama.
Insondable y misteriosa llama, que nunca se apaga.

Y cuando amo más hablarte que escucharte
sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo.

Amo la lágrima que brota y se escurre.
Es la prueba el dolor, que amo, que grita,
porque ya no fue, benditas palabras.

Y ya no será.