En esta noche iluminada de estrellas,
en esta noche de sueños fragmentados,
tiembla el alma mecida en niebla.

Sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo en impaciencia,
pero sé también que sin ti el cuerpo es
piedra dura que entorpece los sentidos
y los retiene en fuegos vanos.

Es preciso deshacer este día cuanto antes,
revolcarlo en el asfalto de la indolencia y la amargura,
y recomponerlo, luego, en besos salados al viento;
para que mis labios no se encuentren tan distantes,
y Eurídice retorne ,al fin, poderosa,
de entre las llamas del olvido.