Ayer, pensaste que era la pared
apenas un silencio pasajero,
de calle a solas y de lejos, pero
suspiras aturdido ante la sed,

reclusa, de aquella copa a merced
de una barra cantada con esmero,
del eco de un abrazo verdadero
con tacto, sin mascarilla, sin red.

Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido,
como otra muda luz inerte cuando

la voz de una pandemia ha renacido.
Vive un miedo egoísta gobernando
infiel al futuro, y a lo perdido.