Y desde aquí se escucha el mar en fragua.
Un grito metálico sobre el yunque rocoso
en el silencio intermitente de la temprana media noche.
Y se oye el color plata partirse en mil pedazos con cada golpe de ola.
Un taller cóncavo es hoy la costa arrendada de algún dios cojo
cuyos brazos se deshacen una y otra vez contra los acantilados.
Estalla en chispas de agua el martillo que siembra la noche de tarosá.
Cristales de sal y piélago que, curiosos, nadan hacia la orilla.
Un seco tronar que estampa el océano en mi oído
se ahoga en un silencio igual de cortante.
Hasta el alba, hasta que interrumpa el ensordecedor amanecer.
Las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.