Me sedujiste con engaños,
entre guerra y pasión.
Me atormentaste en mis sueños
cuan demonio pecador.

Te ocultaste tras una máscara
cuando la tormenta se desató
y de tus ojos lágrimas cayeron,
cuando la culpa te carcomió.

Pero tus alas son blancas,
desde que enmendaste tu error,
y las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido.

Deja de ahogarte en tu propio castigo,
que yo todavía te necesito.