Da paso arriba

Da paso a la vieja celda

Da paso a la palestra

Desierto, la razón entera de llantos:

“Oídme romanos, vengo en nombre del carnero

de la hija colgada del cuello.”

Pero el lento llanto se volcó como cascada.

Dando paso a inundar el estrado.

¡Qué fácil has venido a mi voz, y en qué instante!

Da paso al nido de piedras

De pie a la ausencia, al acecho.

Da paso abajo.