Añoro la inocencia de amor y de entregar a corazón abierto,
con el torso desnudo.
Añoro equivocarme por inundarme de generosidad.
Pero sobre todo temo.
Temo ver cómo la juventud,
con su paso fúnebre y leproso,
se lleva consigo mi capacidad de amar.

Y tú, no te atrevas a decirme que sigues amando,
que no te has estancado.
He de recordarte:
las cosas que ahora sigues recordando flotan sobre las aguas del olvido.
Si recuerdas el amor, disfrútalo,
porque pronto se ahogará hasta el recuerdo.
Las aguas del olvido nunca hicieron prisioneros.