En una bruma de miedos me encamo
cada noche, y en el sueño creciente
sé que de amor me lleno dulcemente,
y en voz a borbotones me derramo.

La consciencia del sentir es bálsamo,
muestra quién soy y qué busco, claramente,
lo sé, mas sé que al alba, suavemente,
se difumina. Y yo, en vano, la llamo.

La llamo, y el silencio ausente impide
mi visión, y a ella ser. Ser surcando
ligera y honda: esencia primitiva.

Y estoy condecorada, aunque lo olvide,
por un mandato etéreo que, bramando,
me reclama, y yo, lo admiro efusiva.