Todo lo tenía calculado:
medidas, formas, contornos,
las dimensiones de la cadencia
y el ritmo.

Era tan y tan perfecta
que hasta sabía vivir
esto del aquí
y el ahora.

 

Pero cuando se acercó el tigre a la ventana
no lo vi venir.
¡Qué fácil has venido
a mi voz, y en qué instante!