Al ritmo de mi temblor deprimente
convulsionan las flores en el ramo.
Sé que de amor me lleno dulcemente
y en voz a borbotones me derramo,
mas al pie de tu sombra me consterno.
Entre la cruz y el ángel te reclamo.
No existe piedad en tu silencio eterno,
ni un instante de visita en el cielo
que den la fuerza a mis brazos paternos.