Apurabas los días y las horas
en el gozo perpetuo de la vida.
Descalzo transitabas las orillas
que en silencio solitario hoy exploras.
Caminando en tus tardes soñadoras
te quisiste desnudo en la partida,
mas mi mano te tuvo agradecida
porque fueron las tuyas mis criadoras.
Ya no digo con nudo en la garganta:
«las cosas que ahora sigues recordando
flotan sobre las aguas del olvido».
A la luz del amor tu vela arriando,
al arrullo del aire que me alcanza,
alzo al cielo mi voz y tu latido.